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viernes, 3 de enero de 2014

En el Banco


En el Banco.

Todo paso cuando era joven, un poco hermosa y con mucha magia, lo conocí, recuerdo que era alguien típico, sin sentido, tonto como todos, o en ocasiones inteligente como algunos, yo lo encontré y él me buscó.
 

En este país encantado, en ese lugar hechizado nada más común que un Banco, yo ahí esperando que se abrieran sus puertas para pagar la reinscripción de la carrera, sin ocurrir nada anormal, lo mismo de siempre siete lunas en el aire, y este pintado de morado, azul y rojo, casas enormes con figuras moviéndose, ángeles jugando, todo contrario al infierno, todo parecido al cielo.
 
 


Recuerdo que iba con mi madre, una gran dama guiando a su pequeña brujita en el camino, esperando el momento para dejarla volar, aguardando entre puertas junto a seres míticos como: arpías, centauros, argos, ogros y sirenas, todos haciendo fila para entrar a ese Banco, de pronto llegaron pegasos cabalgados por seres angelicales con un hermoso uniforme azul metálico, llevaban una caja de cristal dorado, eran un grupo de 14 soldados.


Dos agentes entraron al banco llevando con cadenas a monedas, billetes caminando, nunca jamás volví a ver tanto dinero encarcelado, admito que estaba ansiosa y mi madre aterrada de temor; pasando un tiempo, observe que todos los defensores acorralaron el lugar, vigilando muy cuidadosamente a todos, pero solo cuando salió un policía del lugar, lo alcance a mirar, un joven policía con ojos azules, estaba dentro de esa caja de cristal, él adentro contándoles un cuento al dinero, nos miramos y nos hechizamos.



Se escuchó un ruido horrible adentro del banco y cuando observamos la puerta exploto en mil cristales, salieron volando monedas y corriendo algunas otras, brujas volando en su escoba riendo malvadamente, los que estaban en la fila conmigo derramamos heridas por doquier... acababan de saquear el motín, los guardianes luchaban con las ladronas usando redes, balas, y hasta los pegasos con su aliento de hielo trataban de detenerlas.

El día se tornó oscuro, la luna alumbraba la escena macabra, estaba adolorida, y tiesa, tirada sangrando en el suelo, ya a punto de ir hacia la luz, llego mi mejor amigo, Bim, mi perro mágico, con su asombroso respirar sano mis heridas y yo con un beso en la frente de mi madre la logre rescatar; las dos íbamos ayudando a las arpías, las sirenas, los ogros, y a los demás con sus heridas, mientras llegaron más defensores a atacar las bandidas, decidí ayudar,  hipnotice a todas las monedas, billetes, oro y plata dirigiéndolos hacía un libro, y lo metí a mi bolsa azul, después como no podía pelear con mi propia especie, a los soldados les di más fuerza, cure sus hedidas, y aumente sus provisiones.

Al voltear mi perro estaba defendiendo junto con los integrantes de la fila al libro del dinero, de pronto unas brujas me empujaron:

- Vaya...vaya es la valiente Gea, brujita estúpida- dijo riendo y aventándome despiadadamente al suelo
- Cree que nos va a detener- dijo una con un lunar café en el ojo- Es una bruja blanca, no nos puede hacer nada- dijo otra carcajeando con su nariz desfigurada.
- En ese caso te matare querida- dijo la líder del trío
- No lo puedes hacer, recuerda que no puedes lastimar a tu especie, ese es el código- dije gritando



- ¡Que código, ni que nada, leyes estúpidas para gente que quiere paz implícita como tú!- dijo la obscura meneando su varita y apuntándome con ella, alcance a ver que mi asombrosa mascota se deshizo de la de mancha deforme, y yo no me podía defender, observe a mi madre luchando con ese monstro, con una mirada me despedí de ella, y entro en juego el soldado de ojos azules, se interpuso entre la muerte y yo.
 
 

- ¡Déjala, tu ejército está cayendo!- dijo gritándole a la solitaria hechicera.

- Mira...tortolito enamorado- dijo gimiendo, él me volteo a ver desternillándose, y levantándome del piso- Los matare, sea lo último que haga, odio el amor, es repulsivo- él no paraba de verme, y cuando escuchamos que odiaba el amor, se río aún más... entonces entendí, en frente de esa varita ruin con chispas malignas saliendo, nos dimos un beso, la perversa bruja se derritió.


 

Solo puedo decir que así me salvo el amor...

Jamás lograron sacar al animado dinero, ni si quiera los buenos, así que por eso ahora el dinero es papel, sin valor, y las monedas unas falsas replicas.


No me cobraron la reinscripción, el banco la dono como signo de agradecimiento.

Todo paso cuando era joven, un poco hermosa y con mucha magia, lo conocí, recuerdo que era alguien típico, sin sentido, tonto como todos, o en ocasiones inteligente como algunos, yo lo encontré y él me buscó.
 
 
 

Autora: Evelyn López.